Bioneuroemocion - Biodescodificacion - Duelo del Fantasma o Yaciente

http://youtu.be/8f9kfA6OKs8

DE LA BIODESCODIFICACION A LA BIONEUROEMOCION

COMUNICADO DEL ieBD

Después de todos estos años de trabajo y evolución de la Biodescodificación, después de los Proyectos Científicos realizados en Cuba, el ieBD y el O.I.P.S. nos dimos cuenta de que la biodescodificación no abarcaba los campos en los cuales estábamos trabajando.

La apertura a los campos sociales, como son los temas de la violencia y de la educación primaria, así como las prestaciones que hacemos en la integración de niños desadaptados, con problemas de violencia y de abusos, nos ha llevado a ampliar nuestro campo acción.

Por ello hemos desarrollado “La Fundamentación Teórica de la Bioneuroemoción”, proyecto científico donde se demuestra que todo lo que explicamos y desarrollamos en la Bioneuroemoción, tiene una base científica que nos certifica el cambio de nombre. Por ello:

El ieBD junto al OIPS, anuncia que a partir del evento realizado en Guadalajara (México), el día 8 de febrero de 2013 se hizo oficial el nombre de BIONEUROEMOCIÓN.

DIFERENCIAS ENTRE DOLOR Y SUFRIMIENTO

Cuando hablamos de dolor, nos referimos a un concepto amplio de dolor, Podemos experimentar dolor en diferentes niveles: físico, emocional o espiritual.

Dolor real
El dolor real es lo que sentimos, por ejemplo, al lastimarnos un pie o durante una disfunción orgánica, es el indicador de una herida o de que algo no funciona bien en nuestro cuerpo.
Tambien experimentamos dolor real ante la perdida de un ser querido. Ese tipo de pérdida puede doler profundamente, como si nos hubieran arrancado algo de nosotros mismos.
Cuando hay dolor real, lo más importante es reconocerlo, darle espacio y sentirlo en toda su magnitud. Al darle espacio y sentirlo, le damos la posibilidad de que se mueva, circule y se transforme.
Negar y resistir el dolor no hace más que profundizarlo y terminamos guardándolo en nuestro cuerpo para más tarde. Ignorar el dolor o alejar nuestra atención de él sólo hace que se perpetúe.

Dolor imaginario
El dolor imaginario tiene su origen en la mente. en esa parte nuestra que racionaliza, opina e interpreta todo lo que acontece, sobre la base de un sistema de creencias dado. Así, la mente decide si lo que percibe es “bueno” o “malo”.
Cuando el dolor imaginario se dispara, duele porque nuestra mente ha activado un estado de emergencia interno basado en creencias y decisiones tomadas durante experiencias dolorosas del pasado. El dolor imaginario surge en la mente e inmediatamente es transmitido al cuerpo, causando todo tipo de problemas, porque con frecuencia se queda allí estancado, sin ser explorado ni procesado.
Entonces, cada vez que algo dispare ese recuerdo, guardado en el subconsciente–, pensaremos y sentiremos de la misma manera en que pensamos y sentimos cuando experimentámos el dolor originario, ahora sin saber por qué, sin entender qué está pasando.
Como ejemplo, si hemos vivido un trauma intenso durante la infancia, cada vez que una situación, nos despierte las memorias de ese trauma, pensaremos y sentiremos de nuevo, como un niño asustado.
Lo mental se convierte así en físico, confundiendo, distorsionando lo que ha sido real en el pasado y lo que es real en el momento presente.
Si reeducamos nuestra mente y reprogramamos las creencias y decisiones que crean dolor se pueden desactivar lo que llamamos sufrimiento.

El dolor crónico
El dolor imaginario genera sufrimiento y también lo prolonga. Cuanto más dolor imaginario haya en nosotros, más sufrimiento experimentaremos. Se alteran nuestras funciones orgánicas, nerviosas y estructurales. Un dolor crónico puede ser la resultante de capas y más capas de dolor imaginario, pero también puede ser el resultado de una enfermedad o un accidente sucedidos hace tiempo. En este último caso, el dolor crónico sobreviene como la combinación de:

El dolor originario (una herida, una lesión, un tumor, una disfunción orgánica);

La resistencia a sentirlo (“Esto no debería pasar”, “Esto es demasiado para mí”);

El dolor imaginario (miedo a estar incapacitado, miedo al futuro, miedo a la muerte, etcétera).

“La libertad, la paz y la alegría interior seguirán eludiéndonos hasta que no nos hagamos conscientes de nuestra verdad real, sin escondernos o avergonzarnos de lo que somos”.
—Lynn Grabhorn

Por regla general, los seres humanos buscamos “sentirnos bien”, es decir, felices, amorosos, creativos, libres, en paz. Queremos relaciones íntimas deliciosas, donde crecer juntos y dar y recibir en forma incondicional. En realidad, sin darnos cuenta, estamos tratando de revivir nuestras primeras experiencias intrauterinas de amor y placer incondicionales, a las que teníamos derecho por el mero hecho de haber sido creados.

Resistir es sufrir
A menudo no nos gusta lo que nos pasa y vivimos en un estado de insatisfacción casi constante. Raramente nos sentimos felices con nuestra vida. Además, nuestra “programación civilizada” genera la creencia colectiva de que nunca somos suficientemente adecuados o estamos completos.
Ésa es la creencia base de lo que llamamos progreso y es posible que tenga un lado “beneficioso”, aunque sin duda posee un costo emocional muy alto.
“No me gusta esta manera de vivir”, “No estoy listo”, “Es demasiado para mí”, “Esto no debería pasar ahora” son pensamientos que nos surgen cuando no podemos reconocer la simple verdad de que en el universo todo fluye, y que nuestra fuerza vital necesita fluir con la vida de la misma manera en que un río necesita fluir hacia el océano.

“Cuando la fuerza vital se estanca, las enfermedades se manifiestan”.

Podemos seguir peleando con nuestra vida tanto como queramos, podemos negarla y resistirla hasta la muerte misma, pero también podemos intentar aliarnos a nuestra
vida para hacer juntos el trabajo que haya que hacer. Podemos ignorar el dolor tanto como queramos, pero, si le damos espacio y lo escuchamos, se abrirá ante nosotros la puerta de un decisivo proceso de transformación. Una vez que nos comprometemos con nuestra vida y la abrazamos en su totalidad, el milagro del alivio nos visita.
Todos nosotros tenemos resistencia a lidiar conscientemente con el dolor, ya sea porque preferimos ignorar su existencia o porque no sabemos cómo trabajar con él.

El dolor ocurre, el sufrimiento es opcional

En su libro The Power of Now, ‘El poder del ahora’, Eckhart Tolle recomienda qué hacer cuando en nuestra vida sucede algo que nos molesta o incomoda.

1. Cambiar lo que no me gusta o pedir por lo que quiero, estando dispuesto a recibir un “no” y a negociar si es necesario.

2. Aceptar total y profundamente lo que está sucediendo y estar en paz con ello, sin culpar a nadie ni quejarme de nada.

3-Alejarme de la situación

La adicción al sufrimiento y cómo detectar si estás jugando el rol de víctima.

Cuando jugamos el papel de víctima:

Reaccionamos a todo inconscientemente.

Nuestra mente crea constantes situaciones de ansiedad o preocupación.

Negamos lo que sentimos (“No hay problema”, “Está todo bien”).

Suprimimos nuestras emociones (creando rigidez, contracturas, tensiones o enfermedades).

Somos adictos al “drama” y a las situaciones o personas que lo crean.
Usamos mucho las expresiones “debería” o “no debería”.

Nos quejamos acerca de nosotros mismos o de los demás.

Juzgamos, criticamos, acusamos y culpamos a quien sea (interior o exteriormente).

Repetimos una y otra vez, en nuestra mente, situaciones pasadas.

Nos es difícil perdonar. Guardamos resentimientos muy viejos.

Nos queremos vengar y “cobrar lo que nos deben”.

Recurrimos a nuestro doloroso pasado para actuar o tomar decisiones en el presente.

Tememos el futuro por lo que nos pueda traer .

Ensayamos lo que vamos a decir o hacer, una y otra vez.

No nos damos cuenta de que hay un momento presente. Lo ignoramos absolutamente.

Cuando atravesamos cualquier experiencia de tensión interna, habitualmente surge una decisión inconsciente basada en ideas tales como “No soy lo suficientemente
bueno” o “No voy a poder lograrlo”. Esas decisiones están teñidas de una percepción negativa de nosotros mismos y, si creemos en ella, dirige nuestras vidas.
La mayor parte de esas ideas han sido creadas durante nuestra niñez –el tiempo crítico de nuestra “formación”– o incluso pueden haber sido absorbidas, de nuestras madres durante la vida intrauterina. Algunas otras han sido heredadas de la misma manera en que pudimos haber recibido talento para la música o predisposición hacia los deportes.

¿La autocondena es parte de nuestro diseño original?

¿Puedes imaginarte a un bebé agrediéndose a sí mismo y diciendo “Mírame, soy gordo”, “No tengo dientes ni siquiera puedo caminar” o “No puedo hacer nada por mis propios medios, ni aun hablar. ¡No me soporto!”? Suena absurdo, sin embargo, por desgracia, nos hablamos así a nosotros mismos y a los demás todo el tiempo. Un bebé no concibe que uno se odie a sí mismo. Aprendemos todos estos conceptos por imitación cuando somos muy pequeños. Oímos la crítica y el juicio, y entonces los repetimos dirigiéndolos a nosotros mismos o a otros.

Los sentimientos de desvalorización, confusión y falta de propósito son esperables en un chico/a que está siendo juzgado y condenado diariamente. Para contrarrestar los efectos de esta programación, muchos de nosotros hemos creado una máscara de poder, eficiencia y sonrisas felices, y tratamos interminablemente de empujarnos, a nosotros mismos y a los demás, a creer que valemos cuando cumplimos aquello que se nos dijo que debíamos cumplir.
Esta programación detona en nosotros una resonancia de insatisfacción crónica, en la que siempre necesitamos que algo o alguien nos completen. En resumidas cuentas, el mensaje es: “Soy defectuoso, lo que soy no es suficiente y algo falta en mi vida”. El resultado es un profundo estado de vacío y desconexión de la vida, con una mezcla de miedo, ansiedad y frustración. Este estado se llama estrés.

Cada vez que juzgamos negativamente cualquier aspecto de nosotros mismos –nuestras cualidades mentales, nuestras actitudes emocionales o nuestra apariencia física–
inmediatamente todo el sistema cuerpo-mente se pone en “estado de alerta”, porque le estamos diciendo que hay algo errado o equivocado. Simultáneamente, todo el sistema empieza a buscar en su banco de datos algo del pasado que sintonice con el error del que acaban de hacerlo responsable. Estos defectos pueden ser recuerdos de esta vida o información genética antigua, que a veces se remonta generaciones atrás.
Cuando, a través de este “barrido”, se encuentra esa información, ésta es “resucitada”, “revivida”, y traída al presente como evidencia de que es cierto que “hay algo errado en mí”.
Cada vez que te dices que hay algo equivocado en ti, estás creando la posibilidad de que la enfermedad o la infelicidad sean “resucitadas” de los archivos.

Este auto-juicio negativo es un lento suicidio, como afirma claramente Lynn Grabhorn en su libro- Excuse Me, Your Life is Waiting (‘Disculpe, su vida lo está aguardando )
“La auto-condenación, cualquiera que sea su forma, es un lugar cómodo para estar cuando no queremos tomar ninguna responsabilidad sobre nuestra vida. Podemos meditar, cantar, utilizar cristales e incienso, hacer ejercicios especiales, utilizar afirmaciones que proclaman nuestra divinidad; sin embargo, mientras nos
juzguemos a nosotros mismos, el poder interno y la liberación serán nada más que palabras. No hay ninguna manifestación o deseo que se pueda llegar a cumplir mientras estés en estado de desaprobación de ti mismo. Ninguna abundancia, bienestar interno ni buena salud, y muy poca alegría podrás esperar”.

“Lo que atormenta al hombre no es la realidad, sino la idea que se hace de ella.”

En consulta hay personas que solucionan su problema de dolor fisico, emocional o crónico, volviendo a una herida de la infancia, en otros casos, haciendo el árbol genealógico y tomando conciencia de programas heredados de sus ancestros, otros se recuperan desactivando y cambiando el sistema de creencias que los sustentaba.

Fuentes: La memoria de las células, Luis Angel diaz.

EL CHANTAJE EMOCIONAL

El chantaje emocional es una forma de manipulación muy poderosa, en la cual personas afectivamente cercanas nos amenazan, directa o indirectamente, con castigarnos de alguna manera si no hacemos lo que ellos quieren.
Sabemos que nos sentimos frustrados y resentidos, y que hemos renunciado a nuestro deseo por satisfacer a otra persona.
El chantajista tiene una gran habilidad para enmascarar la presión que ejerce sobre nosotros, y a menudo, la recibimos en forma tal que hace que nos cuestionemos nuestra propia percepción de lo que está ocurriendo.
Además, suele haber un gran abismo entre lo que nuestro chantajista hace, y la forma cariñosa y llena de amor con que lleva a cabo esas acciones frente a nosotros.
Por eso, nos sentimos confusos, desorientados y resentidos.
Son personas que utilizan ese comportamiento para obtener una sensación de seguridad y control, operan siempre a partir de un alto grado de temor e inseguridad.

El precio que pagamos cuando cedemos al chantaje emocional es enorme. Los comentarios y actitudes del chantajista nos hacen sentir desequilibrados, avergonzados y culpables.
Nuestra autoestima se va erosionando. Junto con nuestra integridad, perdemos la brújula interior que nos ayuda a determinar cuáles deberían ser nuestros valores y nuestra conducta.
Cuando convivimos con él, el chantaje emocional nos carcome y se expande hasta dañar en lo más hondo la relación en si, y nuestra propia autoestima.

Se puede estar muy enojado con alguien sin por eso maltratarlo y manipularlo emocionalmente. Los desacuerdos, hasta los más intensos, no tienen porqué ser mezclados con insultos, amenazas o juicios negativos.
En cambio, si el objetivo fundamental de alguien es, simplemente, ganar la partida, hará lo siguiente:

- Tratará de dominarlo
- Ignorará sus protestas
- Insistirá en que su carácter y sus motivos son superiores a los de usted
- Evitará asumir su parte de responsabilidad en el conflicto surgido entre los dos.

Cuando observe que otros tratan de imponer su voluntad independientemente del costo que ello representa para usted, no dude de que se encuentra frente al comportamiento básico de un chantajista emocional.
Es como si no tuviéramos permiso para cambiar, estamos congelados.
No hay equilibrio de poder, conservar el amor del chantajista depende cada vez más de hacer lo que él quiere.
En el fragor del chantaje emocional, el castigador parece olvidar los sentimientos de su víctima y volverse incapaz de analizar su propia conducta. Cree que lo que hace es correcto, y que lo asiste todo el derecho del mundo a exigir lo que exige. Enfrentar a un castigador puede requerir una enorme fortaleza interior, pero no es imposible. Es cuestión de decir, y demostrar, que uno no seguirá aceptando el chantaje.

El autocastigador- Este es un individuo excesivamente necesitado de afecto, muy dependiente, que no asume su responsabilidad por su propia vida. Todas sus dificultades, reales o imaginarias, son culpa del otro. Mientras que el castigador convierte a su víctima en un niño dependiente, el autocastigador pone a su víctima en el papel de adulto protector…el único adulto en la relación. Somos quienes los pueden salvar de ellos mismos, rescatarlos de su desvalidez y proteger su fragilidad.

No existen fronteras demarcadas claramente entre los distintos tipos de chantaje, y muchos chantajistas combinan o utilizan más de un tipo.

Todos sentimos una serie de grandes y pequeños miedos. Todos tenemos obligaciones y responsabilidades, y todos vivimos con una cierta cuota de culpa. Estas emociones son inherentes a la vida, y por lo general aprendemos a vivir con ellas sin que nos abrumen o nos paralicen. Pero el chantajista sube el volumen de estos sentimientos, aturdiéndonos hasta que nos sentimos tan incómodos que estamos dispuestos a hacer cualquier cosa –incluso en contra de nuestros propios intereses- con tal de bajar esas emociones a un nivel más tolerable.

El chantajista emocional construye su estrategia consciente e inconsciente en base a la información que nosotros le suministramos acerca de lo que nos causa miedo, nos genera obligación o culpa.
La tergiversación- El chantajista ve nuestros conflictos como un reflejo de lo equivocados y desubicados que estamos, a la vez que se describe a sí mismo como comprensivo y bienintencionado, nosotros somos los malos de la película, y ellos son los héroes.

El chantajista es un maestro en eso de mostrar a su víctima como motivada, en el mejor de los casos, por intenciones y actitudes dudosas, nos hace saber que lo que él quiere es más adecuado, más amplio o más maduro. Es lo mejor.
Al mismo tiempo nos tildan de egoístas, malos, inmaduros, desagradecidos o débiles de carácter. Cualquier resistencia de nuestra parte es transformada, y en lugar de ser expresión de nuestras necesidades, pasa a ser una evidencia de nuestras fallas.

Quienes utilizan esa arma contra nosotros, pueden anular nuestra seguridad interior y nuestro aplomo muy rápidamente, ya que nos convierten en “malos”.
“Me has herido”. “Me has desilusionado”.

Algunos chantajistas dicen que nos resistimos a sus exigencias, sólo porque estamos enfermos o locos. Así nos califican de histéricos, neuróticos, perversos, o discapacitados emocionales. Dado que este tipo de experiencia puede llegar a aniquilar nuestra sensación de identidad y nuestra autoconfianza, es una herramienta particularmente tóxica…y eficaz.

Cuando los intentos de chantaje de tipo individual no surten efecto, muchos chantajistas emocionales piden ayuda, involucrando a otras personas- parientes, amigos- que los ayude a defender su causa. Suelen recurrir a personas de las que saben que la víctima respeta y aprecia, y ante un frente tan compacto, la víctima termina por sentirse indefensa.

- Cuando se recurre a una instancia superior: “Mi analista dice que tu actitud es muy agresiva”“ En un curso que hice me dijeron que…” “Leí un artículo que decía…”

El chantajista recurre a una increíble variedad de fuentes- citas, comentarios, enseñanzas, escritos- e insistirá en convencernos de que hay una sola verdad: la que ellos postulan.

El mundo interno del chantajista emocional
Es un sujeto que detesta sentirse perdedor. No le importan las reglas del juego; lo importante es no perder. No le importa conservar la confianza del otro, respetar sus sentimientos o jugar limpio. Las reglas básicas que permiten un intercambio afectivo sano y honesto, son echadas al viento.
El chantajista emocional no tolera la frustración de un “no”. Si bien se muestra como una persona común y a veces es un individuo altamente eficiente en muchos aspectos, el chantajista ve la resistencia a sus deseos como el síntoma de algo mucho más grave.

-A nadie le importa lo que yo quiero

-No soporto perder algo que quiero

-Siempre termino perdiendo y a nadie le importa

Con estos pensamientos rondando en su cabeza, el chantajista cree que no tiene ninguna posilidad de obtener lo que quiere, a no ser que utilice armas muy eficaces.

Estas convicciones tienen su origen en una larga historia de angustia e inseguridad, y el chantaje emocional es la única forma que la persona encuentra para manejarse en un mundo en el que no confía, ese mundo que, según ella, le robará lo que ama.
Muchas veces ocurre que quienes han sufrido alguna gran privación o pérdida en su infancia se vuelven excesivamente dependientes cuando llegan a la edad adulta, a fin de evitar el rechazo, el abandono o el ser ignorados.
Las probabilidades de que se produzca un chantaje emocional se incrementan dramáticamente en el curso de crisis, como una separación o divorcio, la pérdida del trabajo, en una enfermedad o retiro laboral, ya que esas situaciones socavan la autoestima del chantajista emocional.

Todos los chantajistas focalizan su atención casi por completo en sus propias necesidades y deseos. Pueden ser como aplanadoras cuando uno no cumple con sus pretensiones: se convierten en seres inescrupulosos. Un amor que es tan ciego frente a los sentimientos de la persona que supuestamente aman, valoran o aprecian, casi no es amor.
En su intento de demostrar lo justo y razonable de sus exigencias, denigra el carácter y cuestiona las motivaciones del otro en cuestión. Procuran ahogarnos en un mar de culpa. El castigador no se ve como tal, sino como alguien que mantiene el orden, o controla con mano firme que las cosas vayan bien. Si con sus actitudes alguien sale lastimado, mala suerte. El fin justifica los medios.
Muchos castigadores se consideran víctimas.

Cuando más abusador sea el chantajista, más tergiversa la realidad, magnifican los dolores que sienten y los ayudan a justificar sus agresiones, que consideran la lógica defensa contra nuestra supuesta intención de contrariarlos deliberadamente. El castigo también permite al chantajista asumir una posición activa y agresiva, que los hace sentir poderosos e invulnerables. Constituye una forma muy eficaz de tranquilizarse frente a lo que perciben como una amenaza a ser privados de algo.
Los chantajistas más castigadores son aquellos que temen perder a alguien importante en su vida a causa de una separación, o divorcio, o desavenencia seria en una relación.
La desvalorización de una persona es una táctica empleada con mucha frecuencia. Le permite al chantajista disimular sus verdaderos sentimientos de pérdida. Pero, al hacer eso, le envía a la otra persona mensajes ambivalentes :” No sirves para nada, pero voy a hacer lo imposible por retenerte”, cosa que ilustra, una vez más, su grado de desesperación.

Lo más valioso que nos ha enseñado este “tour” por la psiquis del chantajista es que el chantaje emocional, que parece que tiene que ver con usted, y que usted percibe como una agresión hacia su persona, la mayor parte de las veces no tiene que ver con usted, sino que proviene de la inseguridad interna del castigador.
Gran parte de las acusaciones, tergiversaciones, y actitudes castigadoras que nos hicieron sentir tan mal, se originan en el miedo, la angustia y la inseguridad que residen en el chantajista.
Esto no quiere decir que la persona objeto de chantaje emocional no desempeñe ningún rol en este proceso, dado que el mismo no podría producirse sin nuestra participación. Es decir, sin nuestro permiso.
Características que nos hacen vulnerables al chantaje emocional:

- Una excesiva necesidad de aprobación
- Un profundo miedo al enojo del otro
- Una gran necesidad de paz, sea cual fuere su precio
- Una tendencia a asumir demasiada responsabilidad por la vida de los demás
- Un alto nivel de inseguridad con respecto a nuestro valor y capacidad

El chantaje emocional nos priva de una de nuestras posesiones más preciadas: nuestra integridad.
¿Cómo se percibe la integridad?

- Defendiendo las cosas en las que creo
- No permitiendo que el miedo domine mi vida
- Encarando a las personas que me han herido
- Definiendo quién soy yo, en lugar de permitir que otros me definan
- Cumpliendo con las promesas que me hago a mí mismo
- No traicionando a otras personas
- Diciendo la verdad

Estas son afirmaciones muy poderosas y cuando reflejan genuinamente nuestra forma de ser y de manejarnos en la vida, brindan una sensación de equilibrio que evita que el estrés y las presiones que constantemente inciden sobre nosotros, nos desvíen de nuestra línea de conducta. Cuando cedemos al chantaje emocional, tachamos uno por uno los items que figuran en esta lista, olvidando qué es lo correcto para nosotros. Y cada vez que lo hacemos, sacrificamos un poco más de nuestra integridad.
Cuando violamos ese sentido esencial de nuestra identidad, perdemos una de las fuerzas rectoras más claras y definidas de nuestra vida, y empezamos a ir a la deriva.
Entonces, se genera un círculo vicioso. Bajo presión hacemos algo que contradice nuestro sentido de la integridad, luego analizamos lo que hicimos, y nos sentimos mal por nuestra conducta. Por tanto esto no hace sino confirmar las afirmaciones de nuestro chantajista: que somos malos o deficientes. En consecuencia, perdemos el respeto por nosotros mismos y nos volvemos más vulnerables aún al chantaje emocional, porque necesitamos desesperadamente la aprobación del chantajista, la cual nos permitirá sentir que no somos tan malos como creíamos.

LAS ALERGIAS

Las alergias representan una patología muy común.

Desde el punto de vista tradicional se define alergia como una reacción excesiva e inadaptada, como resultado de una disfunción de la regulación del sistema inmunitario de nuestro organismo, frente a una sustancia exterior, llamado generalmente antígeno o alérgeno.

Consta de dos etapas:
La primera etapa es la fase silenciosa, llamada de sensibilización o de identificación del agresor
donde el sistema inmunitario identifica un cuerpo extraño y ciertas células se encargan de analizarlo y fabricar anticuerpos específicos y silenciosos, memorizando simplemente las características del intruso.

La segunda etapa, la fase de hipersensibilidad alérgica o fase ruidosa de detención y neutralización del agresor.
Es cuando en un segundo contacto con el mismo alérgeno, estos anticuerpos, silenciosos hasta ahora, se vuelven reactivos y desencadenan una respuesta desmedida “reacción alérgica”

Desde el punto de vista de la Bioneuroemoción – Biodescodificación se buscan circunstancias y causas mas psicosomáticas para explicar este fenómeno.

Durante la primera etapa silenciosa de la que hablábamos antes, se busca un episodio inicial muy preciso, sacado de la vida del individuo, es frecuentemente un psico-shock emocional desestabilizador que ha ocurrido en el mismo momento en el que entrabamos en contacto con el alérgeno (fase silenciosa)

un psico-shock o bio-shock emocional es un acontecimiento desestabilizante que:
Nos coge desprevenidos, cuando menos se espera;
es vivido en soledad y sobrepasa el umbral de tolerancia particular
No se encuentra una solución satisfactoria.
Ademas este incidente posee la particularidad de haber sido mas o menos soterrado en el inconsciente de la persona alérgica.

nuestros sentidos graban la huella de ese instante, de la situación desestabilizante (vista, oído, tacto, olfato y gusto)
En este momento el inconsciente asocia el episodio impactante y el alérgeno para formar un dúo in disociable

Durante la segunda etapa, de la crisis alérgica propiamente dicha, hay una nueva toma de contacto con ese alérgeno, que podríamos calificar de simple representante del episodio desestabilizador inicial
En otras palabras el alérgeno es una simple advertencia de un peligro inminente, conocido pero ocultado, es el “aviso del recuerdo desagradable de la primera vez”

Un ejemplo de Alergia al polen y las gramíneas para aclarar conceptos:

Imaginaos sentados en un banco, debajo de un árbol con una persona de la que estáis muy enamorados.
Estáis tranquilos, en el ambiente hay polen que se adhiere a la piel a las mucosas de la nariz, los ojos… esta ahí, aunque no lo veis.
De pronto el bio-shock, la otra persona te dice: Hoy es el ultimo día que nos veremos, mañana me voy a otro país a vivir.
En ese momento nuestro cerebro registra y asocia el polen del ambiente con el bio-shock emocional, es la fase muda, no pasa nada, pero al año siguiente al entrar en contacto de nuevo con el polen, voy a sufrir una crisis alérgica, a estornudar y tener problemas respiratorios, pues el inconsciente prefiere que me preocupe de los síntomas a recordar la agresión, el drama y el dolor de la separación.

La metodología para el tratamiento de las alergias es ir a buscar al inconsciente, esta situación desestabilizante para identificar la emoción y el resentir ocultos y descodificarlas.

Fuentes: Enric Corbera y Libro- Las alergias no existen del Dr. salomón sellam.

ENTREVISTA A CHRISTIAN FLECHE ( La vanguardia )

Christian Flèche, psicoterapeuta, padre de la teoría de la descodificación biológica

“Cada órgano dañado responde a un sentimiento”
30/05/2011

Emociones
Las enfermedades son una tentativa de autocuración, una reacción biológica de
supervivencia frente a un acontecimiento emocionalmente incontrolable, de manera que
cualquier órgano dañado corresponde a un sentimiento preciso y tiene una relación directa
con las emociones y los pensamientos. Junto al doctor Philippe Levy, Flèche creó nuevos
protocolos para organizar un método de diagnóstico original emocional y una nueva forma
de terapia breve que busca en las emociones el origen y la solución a las enfermedades.
Tiene publicados 17 libros sobre la descodificación biológica, cuatro de ellos traducidos al
español. El cuerpo como herramienta de curación (Obelisco) ha vendido tres ediciones

¿El cuerpo es nuestra herramienta de curación?
Yo era enfermero en un hospital de Normandía y observe que pacientes con la misma
enfermedad, tratamiento y doctor evolucionaban de manera muy diferente.
Bueno, cada uno es cada cual…
Exacto, mi hipótesis es que las enfermedades son una metáfora de las necesidades físicas
y emocionales de nuestro cuerpo. Cuando no hay una solución exterior a esa necesidad,
hay una solución interior.

¿Eso es para usted la enfermedad?
Sí, una solución de adaptación. Cada órgano del cuerpo quiere satisfacer su propia
función, es decir, atrapar oxígeno, alimentos… Si el cuerpo quiere comer, pero en el
exterior hay guerra y no lo consigue en un plazo razonable, se produce un shock.

¿Nace el conflicto?
Sí, el inconsciente inventa una vía suplementaria de supervivencia: un síntoma, que es
una solución o una tentativa de solución inconsciente e involuntaria a ese shock vivido. En
ese caso, el miedo a morir de inanición atacaría el hígado.
Póngame otro ejemplo.

Una persona que siempre tiene prisa puede desarrollar un nódulo en el tiroides, que envía
más tiroxina y aumenta el metabolismo del cuerpo, eso la hará más rápida.
Pero tener prisa es psicológico.
Todo lo que captamos a través de los cinco sentidos, de los captadores neurovegetativos
que vienen del interior del cuerpo, lo que pensamos o imaginamos, se traduce en realidad
biológica.

¿Y provoca un síntoma?
Si no hay una solución concreta y consciente, sí. De manera que si escuchamos algo muy
desagradable que nos afecta podemos tener acidez de estómago. Y hay algo muy
importante que tener en cuenta.
Dígame.
El cerebro no distingue entre lo real o lo imaginario. Un trozo de limón en la boca o la
idea de un trozo de limón en la boca provocan la misma salivación. En función del
sentimiento particular, el shock afecta a una zona precisa del cerebro, visible por el
escáner, a un órgano y a una realidad energética.

¿Realidad energética?
Somos una unidad compuesta de cuatro realidades inseparables: orgánica, cerebral,
psíquica y energética. No hay ni una sola célula del cuerpo que escape al control del
cerebro, y este no escapa al control del pensamiento, consciente o inconsciente; de
manera que ni una célula del cuerpo escapa al psiquismo. Un shock siempre va
acompañado de un sentimiento personal que repercute en los cuatro niveles biológicos.

¿Y es irreversible?
Cuando encontramos la solución esos cuatro niveles sanan simultáneamente. Una
paciente tenía dolor en el hombro. “¿Desde cuándo?”, le pregunté. “La primera vez
estabas sola con mis hijos” “Si estas con tus hijos, no estás sola, ¿quién falta?” “Mi marido
que nunca está, yo necesito estar arropada”. Cuando lo reconoció, el dolor desapareció.
A lo largo de un día no satisfacemos todas nuestras necesidades
fundamentales.
Cuando no las satisfacemos, nace una emoción. Si esa emoción se libera en el exterior
bajo una forma artística, a través de la palabra, el baile o los sueños… todo va bien.
Cuando el acontecimiento no está expresado, queda impreso y el cuerpo será el último
teatro de ese evento.

¿Todo conflicto provoca enfermedad?
No, es necesario que sea dramático, imprevisto, vivido en soledad y sin solución. Cuando
se dan estos cuatro criterios, el trauma se manifestará a través de la biología.

¿Distintas emociones corresponden a distintos órganos del cuerpo?
Sí, todo lo que tiene que ver con la epidermis responde a conflictos de separación; el
esqueleto, a una desvalorización; la vejiga corresponde a conflictos de territorio. Para las
mujeres diestras, problemas en el seno y hombro izquierdos corresponden a problemas
con los hijos y viceversa para las zurdas; los desajustes en el seno y hombro derechos
corresponden para las diestras a problemas con la pareja y viceversa.

¿Estómago e intestino?
No tener lo que se quiere y no poder digerir lo que se tiene corresponde al duodeno y
estómago. El colon corresponde a un conflicto asqueroso, podrido. En el recto están los
problemas de identidad: “No me respetan y me dejan de lado”. Los riñones es la pérdida
de puntos de referencia. Los huesos: grave conflicto de desvalorización…

¿Lo adecuado para estar sano?
Revalorizar las emociones, ser consciente de las emociones y expresarlas, es decir: bailar
más a menudo. La gente está mucho tiempo en lo emocional pero son emociones
procuradas: fútbol, cine… Un malestar compartido disminuye a la mitad, continúa
compartiéndolo y acabará desapareciendo. Una felicidad compartida se multiplica por dos.
La ira y la violencia se expresan a sus anchas.
Un hombre tiene miedo, el miedo produce rabia, y la descarga enfadándose con su
mujer. Cuando estamos en contacto con la emoción auténtica, se transforma; cuando lo
estamos con la emoción de superficie, no hay cambio. Si el hombre se dice: “Lo que tengo
es miedo”, su miedo disminuye a la mitad. Hay que tomar conciencia de uno mismo.

LA ENFERMEDAD.-

LA ENFERMEDAD.imagen

“la enfermedad es el esfuerzo que hace la naturaleza para curar al hombre”

“Es triste pensar que la naturaleza habla y que el género humano no escucha”
V. Hugo.

Cuando tengo obligación de quedarme todo el día al sol, me vuelvo moreno y este bronceado no es una enfermedad.
Este síntoma es una reacción de adaptación.
Cae la noche, y aunque lejos del sol, se conserva el bronceado! Se puede decir que el bronceado es la fase visible del síntoma y la exposición al sol es la fase invisible. El bronceado es la reacción, el sol es la acción.
La enfermedad, igualmente, es una reacción, una fase visible que sucede a una acción, una fase que se ha hecho invisible.

En la selva Africana, imaginemos una familia de leones con tres leones dominantes y una decena de leonas. Una de ellas da a luz ocho pequeños.
Un día, dos de sus pequeños caen en un agujero, la hembra pondrá en marcha una solución biológica inconsciente. Su inconsciente biológico da a sus mamas la orden de fabricar más leche, para permitir que los pequeños que han sobrevivido puedan restablecerse, para disfrutar de más alimento.
Y si por casualidad todos los leoninos mueren en el precipicio, o los mata un nuevo macho dominante que suprime los hijos de su antecesor, inmediatamente la hembra hace otro conflicto biológico inconsciente que, esta vez, implicará los ovarios: tendrán quistes y esto para que fabriquen más estrógenos de cara a una nueva ovulación, un nuevo instinto de reproducción y al final una perennización de la especie. La leona buscará al macho, estará tomada y volverá a tener nuevos leoninos, mediante esta superproducción de estrógenos debida a los quistes en los ovarios.
Estos quistes no son una enfermedad, son síntomas de curación. Los tumores de las mamas de la leona no son enfermedades, son soluciones de curación. Con esta mirada en el mundo, el síntoma se vuelve una adaptación biológica de supervivencia.

El inconsciente biológico.

El inconsciente biológico nos gobierna, hasta que tomemos consciencia de ello y volvamos a tomar las riendas.
A través de estos ejemplos vemos como la enfermedad, el síntoma, puede presentarse como una solución biológica de supervivencia del individuo, del grupo o de la especie.

Las investigaciones del Doctor Hamer (doctor en Teología, Física y Medicina y especializado en psiquiatría, neurología y medicina interna) abren en los años 80 una puerta que ha permanecido siempre cerrada en la medicina.

“La enfermedad es la respuesta apropiada del cerebro a un trauma externo, y forma parte de un programa de supervivencia de la especie. Una vez resuelto el trauma, el cerebro invierte el orden y el individuo pasa a la fase de reparación.

hay algo que se quiere expresar detrás de la enfermedad, el síntoma no es el efecto de la mera casualidad. Pero, ¿cuál es el significado de este síntoma, de esta enfermedad? ¿Qué es lo que intenta expresarse?

Cuando se dice en el lenguaje popular: este individuo me ulcera, tal situación es indigesta, no lo puedo tragar, esto huele mal… Ya existe en estas palabras, la expresión de estas dolencias.
Hablamos de nuestros órganos. Se reconoce esto generalmente para el asma, la úlcera
de estómago, el eczema y cada vez más para el cáncer. Algunos piensan que hay por una parte: las enfermedades psicosomáticas; y por otra parte, las demás que no lo son… Pero no se ve muy bien donde está el límite!

El hombre es una unidad indisociable. Si se es capaz de entender que no hay una sola célula del cuerpo que escape al control del cerebro humano, que no hay una sola parte del cerebro que sea autónoma, que escape al control del pensamiento consciente o inconsciente, entonces se está preparado para comprender que no existe absolutamente ninguna enfermedad que no sea psicosomática. Porque no existe ninguna célula del cuerpo que escape al psiquismo.

La enfermedad es una solución de supervivencia.
Cualquier síntoma, el que sea
Siempre tiene un sentido
Siempre tiene por origen un golpe,
Ocurrido en un instante.

El doctor Hamer nos dice que “cada vez que un individuo, en el curso de su existencia, se ve afectado por un trauma emocional que tiene las siguientes características:

- Es vivido de manera dramática (con todos los matices propios del caso, por lo que una gran emoción tendrá consecuencias más visibles que una pequeña contrariedad: de la bronquitis al cáncer de pulmón, según la intensidad del drama vivido);

- Nos coge desprevenidos, cuando menos se espera;

- La emoción se impone a la razón;

- Es vivido en soledad, (aunque todos saben lo que nos ha sucedido, nadie sabe lo que hemos sentido);

- No se encuentra una solución satisfactoria.

Entonces, y sólo entonces, entra en acción el cerebro poniendo en marcha un programa biológico especial para la supervivencia del individuo. La intensidad del trauma emocional no tardará en determinar la gravedad de la enfermedad, mientras que el tipo de emoción sentida al comprobarse el trauma determinará la localización de la patología en el cuerpo. La enfermedad es, pues, un desequilibrio simultáneo a nivel psíquico, cerebral y orgánico debido a un trauma emocional. Sin conflicto no hay enfermedad: darse cuenta de ello es el primer paso hacia la curación.”

Fuentes: libro Mi cuerpo para curarme y leyes biologicas de Hamer

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