Empresa Interdependiente: Estrategia y Productividad en escenarios de Incertidumbre.

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Empresa Interdependiente: Estrategia y Productividad en escenarios de Incertidumbre.

Ian Santillana Austen
Doctorando en Administración de Empresas – ADEN University
Magister en Dirección de Marketing – UVM Chile
Administrador de Empresas – UNAB Duale Hochschule Baden-Württemberg (DHBW)

En un mundo perfecto y sin sobresaltos, como el mundo de la competencia perfecta que describió Adam Smith en su libro “La Riqueza de las Naciones” en 1776, todos los agentes económicos que conforman ese mundo de la competencia perfecta se comportan como está prescrito, en búsqueda de la maximización de sus intereses particulares (Caloca y Leriche, 2011; Arrate, 2005); o como en el reino de los cielos en el que todas las ánimas benditas, libres de toda preocupación, gozan de la paz de manera eterna (Octavian, 2018); o, como el sistema solar en el que todos los planetas y sus satélites giran eternamente alrededor del sol en orbitas perfectamente definidas en movimientos explicados y controladas por una fuerza superior, la fuerza de la gravedad (López-Gómez, 2016).


Ese mundo, que está organizado y ordenado, se concibe como una gran pieza de relojería en el que todas las partes están perfectamente sincronizadas y forman un instrumento perfecto gobernado por una fuerza superior. La fuerza de la gravedad en el mundo físico, según Isaac Newton; la fuerza de la libre competencia, en el mundo económico, según Adam Smith; y la fuerza divina en el mundo religioso, según sus respectivos profetas y deidades. Todos los componentes siempre se comportan de acuerdo con una ley que los gobierna.


Sin embargo, los tiempos contemporáneos han traído consigo un cambio en nuestra percepción de la realidad. Venimos de una tradición clásica, en la que prima la relación causa-efecto entre los elementos, donde las propiedades del todo se explican por las de sus componentes. Esto permitió que se desarrollará las matemáticas clásicas, la física newtoniana, e incluso la convicción social de que hay certezas y verdades universales. En esa concepción tradicional de la realidad, el principio de la causalidad es un postulado que indica que los efectos son consecuencias necesarias de unas causas únicas e identificables tal como lo indicó Ponce y Muñoz (2014).


La relación de dependencia entre causa y efecto se mantiene en todo tiempo, lugar y circunstancia, porque está regida por alguna ley. Por ejemplo, como la ley de la oferta y la demanda, que rige en el mundo de la economía, indicando que la cantidad demandada de un producto siempre se incrementa en la medida que se reduce su precio. La causa el cual es la reducción del precio determina el efecto el incremento de la cantidad demandada. Las leyes de Newton, que rigen el mundo de la física y que determinan los movimientos de todos los cuerpos, desde las partículas hasta las galaxias, o los diez mandamientos que deben obedecer todos los cristianos.


Además, para asegurar la validez de la dependencia del efecto de su causa, siempre se agrega el supuesto de que nada extraño o externo pueda llegar a perturbarla (Mäki, 2003). Ejemplos de lo anterior, en el mundo de la competencia perfecta, todos los demás factores que puedan llegar a influenciar un efecto se mantienen estáticos -ceteribus paribus-; o que no existe una fuerza de fricción que interfiera el libre movimiento de los objetos, en el mundo de la física. De esa manera, siempre se preserva la validez de la relación de dependencia entre causa y efecto. La validez de esa dependencia entre causa y efecto, y éste es el fundamento del determinismo (Hoefer, 2004). Este permite determinar, afirmar y predecir que el efecto siempre está predeterminado por la causa.


El conocimiento es la identificación de las leyes que rigen esas relaciones de causa-efecto (Hoefer, 2004). Así, se busca por medio de la investigación científica someter a pruebas las hipótesis sobre las causas que explican las consecuencias. Por lo que, la ciencia se encargará de arrebatar a la naturaleza todos sus secretos y proveer la identificación y explicación de las causas de todas las cosas. La sabiduría es el conocimiento de todas las causas.


El transcurso del tiempo, sin embargo, no es una consideración para tener en cuenta. Las leyes no pueden ser temporales o transitorias. Las relaciones causa-efecto continuarán operando en el futuro de la misma manera como lo hicieron en el pasado (Ponce y Muñoz, 2014). Esto genera la posibilidad de predecir. Es el mundo regido por el determinismo en el que todos deben actuar siguiendo las mismas directrices. Esas directrices son las prescripciones que proveen los expertos conocedores de las causas. En el mundo de la competencia perfecta, por ejemplo, los clientes siempre compran al proveedor que ofrezca el menor precio; esa es el comportamiento que prescribe la ley de la oferta y la demanda. Es el mundo de la certeza que generan las leyes que descubre la ciencia. Es el mundo de la simplicidad y el determinismo regido por la ley universal de la causalidad.
Sin embargo, la concepción moderna de nuestra realidad ya no se fundamenta en las cosas y los átomos como sus componentes primarios y tiende a contradecir esa concepción determinada. Las cosas, en realidad, son estados temporales de un continuo proceso de cambio. Nosotros y todos los seres vivos, somos una realidad que cambia de manera permanente (Manrique y De Castro, 2016). Hasta los seres inanimados también cambian cuando nos detenemos a mirarlos un tiempo suficiente. Nuestra geografía está cambiando, con el calentamiento global, por ejemplo y ha sufrido grandes transformaciones. La realidad está entonces conformada por procesos. Como señala Karl Popper, el filósofo austriaco reconocido como una de las voces más autorizadas en la filosofía de la ciencia: "El mundo no está formado por cosas, sino por procesos”.


Nuestra realidad se transforma a cada instante y solo podemos tener una especie de fotografía instantánea de esa realidad (Manrique y De Castro, 2016). Para poder percibir su verdadera naturaleza debemos incluir el devenir del tiempo como una consideración fundamental.


Este devenir es el que nos permite filmar una película que nos muestre como nuestro mundo ha venido evolucionando en el pasado, tanto el reciente como el de largo plazo. Así, se pasa del mundo estático de las cosas, en el que no se tiene en consideración la dimensión del tiempo, al mundo contemporáneo: dinámico y compuesto por procesos de cambio permanentes en el que el transcurso del tiempo es una consideración fundamental (Duggan, 2016).


En esta concepción moderna los componentes primarios ya no son piezas únicas y fundamentales con las que se construyen agregados, sino que son procesos que se relacionan unos con otros para formar unos sistemas, que contienen otros subsistemas y están contenidos dentro de otros suprasistemas. Todas las cosas-procesos están relacionadas entre sí y todos los procesos de los sistemas son interdependientes. Ya las partes no se adicionan para construir un agregado de cosas que es igual a la suma de sus partes y con propiedades iguales a las de sus componentes. Ahora los procesos se interrelacionan para conformar unos sistemas cuyas propiedades son condiciones emergentes que difieren de las de sus componentes y cuyo total puede ser mayor que la suma de sus partes.


Esas interrelaciones generan unas sinergias que cambian la naturaleza y los resultados del sistema (Mallar, 2010). En esta concepción moderna de nuestra realidad no existe una causa única ni una fuerza superior que todo lo rige y ordena. En lugar de una relación de dependencia simple entre causa y efecto, ahora se debe reconocer la existencia de unas redes de interdependencias. Como los efectos no están predeterminados por unas causas singulares conocidas, no es posible predecirlos.
Todos estos elementos han sido reconsiderados a la luz del conocimiento cuántico contemporáneo. Los sistemas ahora los concebimos no estáticos y fijos, si no dinámicos y cambiantes, con relaciones no-lineales o incluso interdependientes que interactúan entre sí y generan resultados inciertos (Duggan, 2016). Concebimos nuestra realidad como un proceso en constante evolución, con resultados variables e inesperados derivados de interacciones constantes entre variables interrelacionadas.
Ante esta nueva realidad, las Empresas, la Academia y el Estado, deben proponerse un cambio de perspectiva: dejar de perseguir la regla universal (pues no existe), y empezar a gerenciar el proceso de cambio y adaptación a una realidad incierta.

El empresariado y las altas direcciones han sido adoctrinados en la teoría clásica de la administración y la economía de los últimos 100 años promovida por Adam Smith, o en la fundamentación del autor Michael Porter, quien fue insignia de la ciencia de la estrategia y rezaba que partir de un riguroso análisis de los elementos que influencian a las empresas se podía identificar una estrategia competitiva que brindase una ventaja sostenible. Teoría que posiblemente no logró sostenerse pues en el año 2012, la empresa Monitor fundada por el mismo Porter, se quebró.

Ante el cuestionamiento de encontrar la estrategia perfecta de las empresas y su impacto en la generación de productividad, se debe rescatar la que por lejos, podría ser la nueva teoría de la administración y la gerencia estrategica, promovida por el Autor Colombiano Alfredo Ceballos Ramírez, DBA Harvard University y MBA Stanford University, quien expresa la verdadera estrategia y productividad de las organizaciones y las gerencias, está más en función del pensamiento retro-prospectivo y no prospectivo, pues no hay tal gurú que a través de la planeación estratégica logre minimizar el riesgo de la incertidumbre del empresariado. Por el contrario, Ceballos (2010) indica que es la medición del desempeño estratégico, lo que determina la estrategia y productividad del famoso triangulo de Universidad, Empresa y Estado.


La respuesta al interrogante sobre ¿cómo medir el desempeño estratégico de una empresa? es de una importancia crucial. Debe permitir hacer un juicio objetivo y confiable tanto de los resultados que muestran ese desempeño, así como de los procesos que los generaron. Sin embargo, es difícil de obtener porque se fundamenta en unos supuestos muy básicos sobre la naturaleza de la empresa y sus propósitos.


“Lo que no se puede medir, no se puede administrar. La mediación debe ser objetiva y confiable. La estrategia que no es digna de medirse, no es digna de seguirse”

Alfredo Ceballos Ramírez, DBA, MBA

Algunos han propuesto que la empresa es un agente económico y que su propósito es la maximización de sus utilidades. En consecuencia, su desempeño se mide por el grado en que alcanza ese propósito: por el monto de sus utilidades. (Ceballos 2010). Otros señalan que, como la empresa logra esas utilidades en una guerra interminable con sus competidores, la medición individual es insatisfactoria y, en consecuencia, debe hacerse en comparación con los resultados de sus competidores. Otros han llegado a proponer que el desempeño de la empresa está determinado por las circunstancias del sector económico al que pertenece. Ese sector tiene una estructura particular que impone la conducta de la empresa que, a su vez, determina su desempeño. En este caso, el responsable del desempeño sería la estructura del sector económico.

Dichas propuestas se fundamentan en el supuesto atomista que concibe la empresa como un conjunto de recursos, como una cosa, cuya conducta está regida por condiciones externas: por las leyes del mercado. Por lo tanto, su desempeño es consecuencia de su gra-do de adaptación a esas circunstancias externas. El más reconocido modelo, el de la teoría económica clásica, define la empresa como un agente económico guiado por el propósito de maximizar las utilidades, pero sometido al rigor de las leyes del mercado. Desde esta perspectiva, la empresa seria una agencia de los dueños, encarga da de maximizar el retorno sobre sus inversiones. Otros proponen una visión de la empresa basada en sus recursos. Son precisamente esos recursos los que determinan las capacidades y posibilidades de la empresa. Algunos de estos recursos, en muchas ocasiones calificados como intangibles, se consideran de vital importancia y determinantes de los resultados y del desempeño empresarial.

“Cuando se reconoce la verdadera naturaleza de la empresa como un sistema en evolución compuesto por un conjunto de procesos interdependientes, la respuesta al interrogante sobre la medición del desempeño se torna mucho más difícil”
Alfredo Ceballos Ramírez, DBA, MBA

Pero, cuando se reconoce la verdadera naturaleza de la empresa como un sistema en evolución compuesto por un conjunto de procesos interdependientes, en los que intervienen múltiples actividades y recursos, la respuesta al interrogante sobre la medición del desempeño se torna mucho más difícil. Primero, como los procesos que se adelantan en la empresa no forman una cadena lineal de causalidades en la que el resultado de un proceso depende solo del resultado del anterior, sino que son procesos interdependientes, entonces el desempeño de la empresa depende de esas interrelaciones; como la interdependencia entre los procesos de producción y ventas, por ejemplo. Se hace entonces necesario definir tanto los procesos, como los indicadores de los resultados de sus interrelaciones. Segundo, obliga a tomar en consideración la dimensión del tiempo: la medición del desempeño no es un dato aislado en cierto momento sino la forma como evoluciona en el tiempo. No es suficiente, por ejemplo, conocer el monto de las utilidades en un determinado periodo; es necesario saber si ese monto ha venido creciendo o disminuyendo.
Finalmente, entender el éxito de las organizaciones, únicamente como el resultado eficaz de una transacción comercial-monetaria, o en la capacidad de diseñar productos con oferta de valor diferencia y que de la división de ingresos, costos y gastos facilitaban la maximización de valor (utilidades), y por supuesto, la construcción de una empresa productiva.

Sin embargo, se ha demostrado que ningún área o proceso de la empresa, ni siquiera la de ventas y marketing, o incluso producción y finanzas, garantiza la maximización del valor de la empresa y su desempeño.

Esta conclusión, se debe confrontar la visión tradicional que está basada en fórmulas de ventaja singular (Adam Smith), proponiendo un precio inferior al de la competencia como clave para la mejora del desempeño y que es asistido por una alta capacidad de producción. Se considera que la administración del nuevo siglo, la definición de estrategia, productividad y desempeño empresarial en tiempos de incertidumbre, debe tener una visión holística, sujeta a una tema multidimensional de incertidumbre, en donde las interdependencias son las que verdaderamente permiten construir la verdadera estrategia hacia la productividad empresarial. (Ceballos 2020)

No se trata de concentrar el éxito de un resultado o desempeño en un área, proceso o departamento de la empresa, sino en el compendio de sinergias que fomentan la articulación de la empresa, el trabajo colaborativo y su capacidad evolutiva. Al final tenemos que concluir que no hay un proceso especifico que mida el desempeño o la productividad de la empresa, pues es un integrado de todas las partes, áreas y procesos. La productividad y competitividad empresarial se determina por las interrelaciones y no por la maximización de un área.

Referencias

Ceballos R, (2017). Indicadores del Desempeño Estratégico, (91).

Arratem R. (2005). Maximización de utilidades o incremento del valor del accionista. Quipukamayoc, 12(24), 41-43.

Caloca, O. R., y Leriche, C. R. (2011). Una revisión de la teoría del consumidor: la versión de la teoría del error. Análisis Económico, 61(26), 21-51. https://www.redalyc.org/pdf/413/41318401003.pdf

Duggan, J. (2016). System Dynamics Modeling with R. Springer.

Hoefer, C. (2004). Causality and determinism: tension, or outright conflict? Revista de Filosofía, 29(2), 99-55.

López-Gómez, F. F. (2016). Panorama histórico del estudio de los planetas del sistema solar. La Colmena, (92). https://www.redalyc.org/jatsRepo/4463/446347893012/446347893012.pdf

Mallar, M. A. (2010). La gestión por procesos: un enfoque de gestión eficiente. Visión futuro, 13(1), 2-23. https://www.redalyc.org/pdf/3579/357935475004.pdf

Mäki, U. (2003). Ceteris paribus: interpretaciones e implicaciones. Revista Asturiana de Económica, 28, 7-32. https://tuhat.helsinki.fi/ws/portalfiles/portal/25675901/Ceteris_pa...

Manrique, H., y De Castro, A. (2016). Realidad, teoría y conmensurabilidad: reflexiones en torno a las modas intelectuales en psicología. Revista CES Psicología, 9(1), 65-88.
Octavian,F. (2018). Hipótesis del Reino de los Cielos como propuesta existencial de Jesús en los inicios del cristianismo [Tesis de Doctorado, Universidad Complutense de Madrid]. Repositorio Universidad Complutense de Madrid. https://eprints.ucm.es/id/eprint/47234/1/T39843.pdf

Ponce, A., y Muñoz, H. (2014). The causality from Hume to Kant: From the absolute dissolution of the concept to its constitution as law. Praxis Filosófica, (38), 7-25. http://www.scielo.org.co/pdf/pafi/n38/n38a01.pdf

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