La lectoescritura constituye un cimiento de la educación básica que posibilita la realización del proceso de enseñanza-aprendizaje.... Si bien en la práctica es el docente el principal responsable de la enseñanza de la lectoescritura, no es el único que debe trabajar en este sentido. El padre de familia, el bibliotecario acompañan esta labor desde el contexto de la familia, de la biblioteca escolar, popular o pública, formulando actividades que continúan y complementan el trabajo del aula, y desempeñan estos roles con plena conciencia de su responsabilidad. La actividad de leer y escribir son tareas que deben desarrollarse con eficacia y eficiencia ya que de esto depende que en el futuro estemos frente a un estudiante con capacidades efectivas para el estudio y para satisfacer plenamente sus necesidades de comunicación.
La lectura es la base de la educación y la educación es el factor esencial de igualdad social en el mundo moderno: igualdad social como igualdad de oportunidades e igualdad en la participación, por ello, si el desarrollo de esta habilidad, de esta técnica se hace en forma que genera nuevas desigualdades, reducimos las competencias los niños y niñas, a la vez que limitamos, entonces su función igualitaria se destruye, y se convierte en un nuevo factor discriminador.
Si no se aprende a leer y a escribir correctamente, a través de toda la vida del individuo habrá rezagos, fallas en la forma de estudiar, escasa cultura, estudiantes con posibles fracasos, lectoescritores incompetentes, etc.

La lectura y la escritura son medios por el cual podemos mejorar la calidad de vida, ya que nos mantiene informados de todo lo que nos interesa y de cuanto acontece en nuestro alrededor, son hábitos que propician el desarrollo de nuestra capacidad intelectual y espiritual en general, ya que cuando las personas leen adquieren conocimiento, dando como resultado una cultura más amplia que llega a ser para el individuo una satisfacción personal.

Para crear el hábito de lectura sólo hay un método: leer mucho. Es la forma de aplicar la ley del ejercicio también llamada "ley de la formación de los hábitos". Para formar el hábito de leer, el ejercicio no ha de ser puramente repetición, sino que al realizarlo, sobre todo en su fase inicial, se debe procurar que el acto sea placentero, lo cual se logrará por la forma en que se motiva la lectura, por el ambiente en que se lee, el interés de lo que se va a leer. Todos estos factores debidamente manejados ayudan a la creación consciente del hábito de la lectura y en consecuencia se desarrolla el hábito por la escritura.

Durante el proceso enseñanza aprendizaje, las actividades escolares cobran sentido cuando se logra en el estudiante desarrollos cognitivos, comunicativos y significativos. Por tal motivo se deben buscar nuevas estrategias que faciliten a los estudiantes apropiarse de los conocimientos, de la comprensión, la reproducción de textos, la crítica, la reflexión y la argumentación.

Hay que recalcar que el desarrollo de las habilidades ligadas al lenguaje no es solo tarea de la escuela; el hogar ofrece también diversas posibilidades para mejorar la formación lingüística del niño y aumentar su aprendizaje de la lengua para toda la vida. En este ámbito familiar hay mucho que investigar; queda abierta la pregunta ¿Cómo formar familias lectoescritoras?

En este sentido, al hablar, leer o escribir cada uno ofrece sus experiencias, sentimientos, conocimientos y fantasías, y, por medio de todos los procesos que se liguen y elijan y la forma en que se presenten, se expresan en buena medida los sistemas de creencias y valores. Por estas razones, fomentar en los ñiños/niñas el uso personal de las diferentes posibilidades del lenguaje oral o escrito, y no solo la utilización mecánica, es la mejor recomendación que podemos ofrecer para potenciar su formación integral en el medio y en la sociedad en la que les ha tocado vivir.

En consecuencia, la formación de lectores debe ser una de las mayores preocupaciones del estado y de las Instituciones educativas. La lectura debe convertirse en el principal medio de aprendizaje, de experiencia y de formación. Generalmente se dice: “Se lee poco”. “No se lee”. “La gente ya no lee como antes “. Y, por supuesto, el acostumbrado “los niños no leen”. Tan notable y corriente es este gesto de la sociedad y de la Institución donde se forma. Nadie discute que uno de los propósitos principales de la escuela es “enseñar a leer”. Pero cabe preguntarse ¿Qué papel juega la escuela en la formación de lectores. ¿De qué modo interviene para acercar nuevas generaciones a los textos escritos?

La costumbre de leer no se enseña, se contagia. Si queremos formar lectores hace falta que leamos con nuestros niños, con nuestros alumnos con nuestros hermanos, con nuestros amigos, con la gente que queremos. Se aprende a leer leyendo, no está mal que cada libro encuentre sus lectores. Borges (1978) decía que "cada libro está en espera del lector que le corresponde".

No hay mejor manera de formar lectores genuinos. ¿Por cuánto tiempo habría que tener estas lecturas diarias? “Por todo el tiempo. Para siempre. Es una costumbre que no debería tener fin. Como las de comer o dormir.” Si a esta lectura pudiera sumarse otra, en la casa, en familia, mejor que mejor. Con el tiempo, esa lectura familiar llegaría a ser aún más importante que la escolar, diez o doce minutos de lectura diaria en voz alta, en el aula y en la casa pueden formar alumnos, artistas, dirigentes, trabajadores, profesionistas, empresarios y ciudadanos más capaces.

En este sentido: ¿Qué hace falta para lograr diez o doce minutos diarios de lectura por placer en las aulas?

• Despertar o aguzar en las autoridades educativas y en los maestros la conciencia del problema que representan no los analfabetos, sino los millones de personas que han asistido por muchos años a la escuela y que, sin embargo, no han adquirido la costumbre de leer.

• Reforzar el convencimiento de que ningún sistema aventaja a la lectura en voz alta para formar lectores, para contagiar el gusto por la lectura.

• Reforzar las habilidades de los maestros como lectores en voz alta. Se aprende a leer mejor más o menos como se aprende a bailar mejor: siguiendo los pasos de quienes lo hacen mejor que nosotros.

Así pues, formar lectores que sean capaces de comunicarse y expresarse por escrito es una tarea adicional a la enseñanza de la lectura y la escritura. La alfabetización y la disponibilidad de los libros son indispensables, pero creer que bastan es un error tan grave que explica el fracaso de nuestras escuelas para formar lectores del siglo XXI.

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