Educar es extraer lo mejor de los demás. Es cierto, es mostrar la verdad o, al menos, el camino que lleva hacia ella. La educación es la actividad humana para iluminar. El educador es llamado a ser cada día más humano. En un contexto en el que la información y el conocimiento son cada vez más cercanos, el educador debe asumir el reto de acercarse al prójimo para enseñarle a vivir y, de paso, mostrarle la necesidad del conocimiento para evangelizar a la cultura y, por tanto, la urgencia de ser una persona instruida.
¿Son nuestros métodos los más adecuados? Pienso que la aplicación adecuada de ciertas reglas puede facilitarnos obtener mejores resultados en nuestra tarea educativa. Los maestros cristianos volvemos la mirada a nuestro señor Jesucristo y su pedagogía y distinguimos como adecuaba sus enseñanzas al particular contexto y cultura de la comunidad de personas que le seguían.
Seguramente la idea de “Escuela” que tenía Jesús fue la de su propia familia; así como su idea de “Maestro” fue la de su padre terreno san José quien como carpintero experto modeló y mostró a Jesús, aprendiz de carpintería, cada uno de los pasos para trabajar con madera, entrenándolo e indicándole la forma de hacer las cosas. Con toda seguridad San José disminuyó progresivamente su ayuda hasta lograr que Jesús haga por sí mismo los muebles que desee. Al final de la labor, San José proporcionó una ayuda cada vez menor permitiendo el desarrollo de un “Estilo personal” en los trabajos de Jesús.
Siguiendo el modelo del párrafo anterior, la pedagogía de Jesús nos muestra tres conceptos que son necesarios recordar en nuestra propia práctica:
· Modelado.
· Entrenamiento.
· Disminución de ayuda.
Modelar significa enseñar con integridad y seriedad brindando un mensaje sano e intachable. Esta tarea implica que el maestro se asegure de describir claramente las ideas empleando técnicas visuales, auditivas, táctiles o cinestésicas. Todo modelado necesita de una planificación cuidadosa de las experiencias significativas.
El entrenamiento sirve para iniciar y desarrollar las habilidades y destrezas básicas del estudiante, formarse en la capacidad de planificar y elaborar estrategias, descubrir las posibilidades personales de éxito y desarrollar en la práctica el placer de vivir para construir y recrear. Es indispensable que el maestro modele y transfiera al estudiante las formas de actuar para realizar la tarea permitiendo que la practique y ejecute con su guía y ayuda.
Con la disminución gradual de la ayuda los alumnos obtienen sugerencias y apoyo por parte del maestro cuando ellos lo requieren, disminuyendo conforme los alumnos adquieren mayor habilidad para realizar la tarea. Entonces, el maestro ya no es un simple transmisor de conocimientos, sino más bien un apoyo que transmite a sus estudiantes sus propias habilidades y experiencias. Este modelo, como en los tiempos de Jesús, debe ser aplicado en contextos reales donde los contenidos a aprender se usen en las situaciones mas comunes y ordinarias de la vida social.
Existen principios que facilitan la educación de nuestros semejantes. A continuación describiré tres de estos principios y sus aplicaciones en el ámbito educativo. Estos principios tienen como base las teorías cognitiva y sociocultural de la educación, que buscan respuestas a las formas en que las personas aprenden y estudian así como los factores que influyen en su aprendizaje.
El contexto socio cultural
Son importantes los factores sociales y culturales, especialmente, en el aprendizaje de los niños pues, cuando un niño aprende, toma de lo que hay en su contexto. Por eso, el aprendizaje es un proceso individual pero también social, donde la interacción con otras personas le permiten apropiarse de los conocimientos que están afuera, en su entorno. Conocimientos de los que participa y es testigo. Un conocimiento puede ser más significativo para un individuo si es observado y está relacionado a situaciones de su vida cotidiana. Es importante que los estudiantes puedan participar de experiencias educativas donde los contenidos sean explícitos y tengan significado para ellos.
Es importante que el educador tenga un amplio conocimiento del contexto y la cultura en la que se encuentran sus estudiantes. Asimismo, es importante que tanto el educador como el alumno participen conjuntamente de la ejecución de la tarea, lo que nos permite exponer el siguiente principio.
Participación compartida
Entendiendo el aprendizaje como un proceso social pienso que es importante plantear el papel del maestro como instructor experto y el del estudiante como aprendiz. Pueden muchos no estar de acuerdo pero la práctica diaria me enseña que el papel de autoridad del maestro no puede ser suplido, así como la necesidad del alumno de ser guiado o liderado por él.
El maestro debe permitir que sus alumnos participen y se involucren en la situación de aprendizaje, dando como resultado el compartir de experiencias en el cual tanto el maestro como los estudiantes colaboran de manera conjunta.
En necesario replantear el papel del educador y el de los estudiantes, pasando de una situación de aprendizaje donde el maestro expone diciendo lo que debe hacerse y el alumno escucha y reacciona, a una situación en la cual el alumno participa construyendo su conocimiento y el maestro fomenta esa construcción y guía el aprendizaje.
Aprendizaje situado
Anteriormente expuse la importancia de transmitir conocimientos que tengan un significado para los alumnos y permitir que ellos participen de este aprendizaje. Esto sólo puede lograrse aprendiendo el conocimiento en las situaciones reales donde se realiza. Empleando escenarios parecidos a los que usa la sociedad y cultura que rodean a los estudiantes. De esta manera, el aprendizaje se sitúa en un contexto que tiene relación a lo que los alumnos experimentan en su vida cotidiana. Así, conocimientos difíciles para los alumnos como los números, las ciencias, la historia, la geografía, la escritura y la lectura, pueden ser probablemente más fáciles de aprender si se enseñan en contextos como son el comercio, la agricultura, la pesca, la ganadería, la construcción, etc
Como maestro estoy convencido que la enseñanza va mas allá del aula de clases. Creo que realmente mi vida impacta de una manera u otra en los estudiantes que Dios ha puesto en mi camino como persona y profesional. Como Jesús, el buen maestro por excelencia, quien compartió su vida con los discípulos y mostró un estilo de vida diferente; mi vida como educador debe también ser un modelo. No es que me proponga ser modelo, pues mi tarea es educar. Es que mis estudiantes me ven como yo vivo, hablo, pienso y expreso mi fe. Posiblemente decidan tomar lo mejor de mí. Los frutos del Espíritu, la paciencia, la bondad o la piedad, no se enseñan. Pero sí se pueden "vivir" ante los estudiantes, de modo que ellos "aprendan" del ejemplo. Las actitudes de un maestro frente a los problemas y las circunstancias difíciles hablarán más fuerte que cualquier lección que pueda enseñar.

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