Omelio Rivero Villavicencio
Prof. Auxiliar Dpto. Marxismo-leninismo. Universidad de Camagüey
omelio.rivero@reduc.edu.cub
Armando Bejarano Valdeolla
Prof. Auxiliar Dpto. Marxismo-leninismo Universidad de Camagüey
armando.baldeolla@reduc.edu.cu
RESUMEN
La confluencia de las ideas marxistas y martianas es el baluarte de las concepciones sobre las que se fundamenta la Revolución Cubana. Se dice con justeza que si los revolucionarios de hoy, ciento veintiún años después de la última guerra de independencia, se hubieran planteado solamente los objetivos que se trazaron los hombres del 95, la Revolución Cubana no sería marxista, pero tampoco martiana.
La búsqueda de las raíces, antecedentes y manifestaciones actuales del pensamiento de orientación socialista en el ámbito filosófico de nuestras regiones más atrasadas, como es el caso de Cuba, pone de manifiesto que el socialismo -independientemente de las diversas concepciones que sobre él se tienen- no es algo extraño ni hostil a la idiosincrasia de estos pueblos, sino que por el contrario es muy consustancial a su cultura, sobre todo porque es necesario y constituye hoy, la alternativa posible para que los pueblos sean dignificados.
La materialización de las ideas martianas y marxistas está en la vasta obra revolucionaria y en la conciencia de las masas.


INTRODUCCIÓN
Resulta incomprensible que algún cubano no conozca a José Martí Pérez como hombre de elevados principios, vocación latinoamericana e internacionalista; intachable conducta personal, tanto pública como privada y con cualidades humanas que en ocasiones parecen insuperables. Es imposible no conocer al Martí cubano de proyección universal que rebasó las fronteras de la época en que vivió para convertirse en el más grande pensador político hispanoamericano del Siglo XIX.
La obra del apóstol José Martí es muy grande y bella, él escribió para todos los tiempos y para todos, escribió para los niños, para los jóvenes, las mujeres, los ancianos, para Cuba, para América, para todo el mundo. (Manso, P. 2005)
Es autor de una obra imprescindible como fuente de conocimientos y de consulta para todas las generaciones de cubanos. El significado y estilo propio de los poemas, artículos periodísticos, de todos los escritos y discursos que realizó lo sitúan como un intelectual de vasta cultura.
Sin dudas, todos conocen que fue un gran maestro y un eminente pedagogo, un traductor talentoso, un políglota, un literato de altura, quien dejó obras imperecederas para adultos y niños. Fue un gran estadista, un político audaz y visionario, quien legó para la posteridad las bases de su Partido Revolucionario Cubano y el Manifiesto de Montecristi. En resumen fue, ante todo, un revolucionario cabal en su tiempo y para todos los tiempos.
Martí fue uno de los más grandes pensadores del siglo XIX y de los más profundos filósofos humanistas que dio nuestro país en su momento histórico. Cultivó el panamericanismo, y junto a Francisco de Miranda y a Simón Bolívar soñó siempre con la unión latinoamericana como un solo país, desde el Río Bravo hasta la Patagonia, por su origen, su lengua y su historia.
Cuánta grandeza hubo en Martí, hombre capaz de todos los sacrificios frente a su familia querida (madre amantísima, padre recto y justo y hermanas a quienes idolatraba), su matrimonio, su hijo a quien quería entrañablemente, su posición, su carrera brillantísima. (Mañach, J. 1963)
Todos conocemos una vasta parte de la obra de José Martí, existe una arista de su pensamiento la que ha sido tratada por diferentes autores, su pensamiento y la realidad cubana, el que se ha mantenido vigente a lo largo de más de cien años y servido de fuerza ideológica a varias generaciones de cubanos que ha luchado primeramente por la independencia y posteriormente por preservar las conquistas alcanzada tras el triunfo revolucionario de 1959.
Desarrollo
Toda revolución verdadera nace de la necesidad y voluntad de un pueblo de realizarla indiscutiblemente. Por eso es genuina la Revolución Cubana. Hubo en Cuba una conjunción de causas que permitieron el triunfo del proceso revolucionario, entre ellas las de tipo subjetivo, como es la integración natural en los principales dirigentes revolucionarios, de las tradiciones del pensamiento democrático, progresista y antiimperialista cubano con las nociones del marxismo-leninismo.
Martí en su profunda visión política y la integridad de su pensamiento y acción, constituyen raíces donde germinó con posterioridad el pensamiento marxista-leninista nacional, aun cuando él no fuera marxista, pero criticó tanto el espiritualismo reaccionario como el materialismo mecánico y vulgar. Su apreciación científica y avanzada para su época se expresa en su franca lucha contra la escolástica y las concepciones anti científicas. En su intensa obra política y social podemos reconocer el punto de partida materialista y la agudeza dialéctica con que valoró los grandes problemas de la época, las concepciones sobre la que organiza la lucha anti colonial y concebir la república democrática de hondo contenido popular.
En Cuba, antes de poder llegar a Marx, Martí es un tránsito necesario, porque previó el fenómeno económico y político de la expansión neocolonial de los Estados Unidos, nos advirtió que el sistema imperialista de ese país era el verdadero enemigo, diseñando una estrategia y táctica basadas en la unión nacional mediante un único partido, y en la solidaridad continental. Legó a la vez, una táctica de militante y dirigente político en la que ha de inspirarse siempre la práctica revolucionaria cubana. Existen criterios comunes y muchas veces idénticos en la esfera de la economía, la política, la sociedad, el trabajo, la educación, la cultura, la ciencia histórica y principios ético-morales.
El marxismo-leninismo encontró en el pensamiento político, social y militar de Martí una base legítima para convertirse en la ideología del proceso revolucionario cubano, de no ser así el marxismo hubiera tenido serios inconvenientes para ser asimilado. Muchos juicios de Martí en su juventud fueron adquiriendo modificaciones posteriormente con aproximaciones a las posiciones de Marx. Sobre todo acerca de la conciliación de clases, la violencia social y la propiedad sobre los medios de producción.
Hay que significar que en vida de José Martí, en Cuba no existía la disyuntiva de capitalismo o socialismo, sino el desprendimiento del yugo extranjero y la búsqueda de una república independiente. Su descollante personalidad, en quien la constatación del desarrollo del capitalismo en su modalidad más avanzada en los Estados Unidos le permitió comprender mejor los motivos que animaban las ideas socialistas. Ante todo la inhumana relación de explotación del obrero por los patrones y la indiferencia de estos ante las miserias de las familias proletarias.
En una de sus «Escenas norteamericanas» escrita en 1882 afirmaría crudamente: “Estamos en plena lucha de capitalistas y obreros. Para los primeros son el crédito en los bancos, las esperas de los acreedores, los plazos de los vendedores, las cuentas de fin de año. Para el obrero es la cuenta diaria, la necesidad urgente e inaplazable, la mujer y el hijo que comen por la tarde lo que el pobre trabajó para ellos por la mañana. Y el capitalista holgado constriñe al pobre obrero a trabajar por precio ruin.” (Martí, J, 1985; p.322)
Esta triste situación chocaba violentamente con el profundo criterio humanista del pensador cubano asentado en el criterio de que: “Comete un delito, y tiene el alma ruin, el que ve en paz, y sin que el alma se le deshaga en piedad, la vida dolorosa del pobre obrero moderno, de la pobre obrera, en estas tierras frías: es deber del hombre levantar al hombre.” (Ídem al anterior; p.451) No se trata de simple filantropía o misericordia lo que anima su humanismo práctico (Guadarrama, P. 1993), sino del firme criterio de que el hombre ha de tener por derecho propio una existencia plenamente digna, como en otros momentos Martí exigió y se planteó conquistar en la futura república cubana. Principio que preside la Constitución y la praxis sociopolítica de la Cuba de hoy.
Cuando Martí analizaba las causas que motivaban las huelgas obreras en Estados Unidos señalaba que: “No es esta o aquella huelga particular lo que importa, sino la condición social que a todas engendra.” Y a continuación sugería buscar “… el remedio donde está el mal, y no conforme a teorías abstrusas o sistemas sentimentales tan perniciosos en su aplicación como respetables por su origen. No se debe poner mano ligera en las cosas en que va envuelta la vida de los hombres. La vida humana es una ciencia; y hay que estudiar a raíz y en los datos especiales cada aspecto de ella. No basta ser generoso para ser reformador. Es indispensable no ser ignorante. El generoso azuza; pero sólo el sabio resuelve. El mejor sabio es el que conoce los hechos.” (Ídem al anterior; p. 157)
Las llamadas críticas de Martí, no tienen que ver con la teoría socialista, no atacó nunca al socialismo como sistema pues él no alcanzó a conocerlo. Sin embargo, atacó algunas desviaciones objetivas cuya posibilidad es capaz de prever. Su crítica a los modos equivocados o excesivos de pedir justicia se dirigen expresamente a los anarquistas quienes se proclamaban “socialistas revolucionarios”.
Los pioneros del marxismo en Cuba hicieron suyo el proyecto martiano de república, porque, posible o no, era inexorablemente un proyecto avanzado para la Cuba de aquellos tiempos. El patriotismo, latino americanismo e internacionalismo presentes en las luchas por la identidad nacional permitió la asimilación por Fidel Castro y otros dirigentes, de las ideas de Marx, Engels y de Lenin y que se sustentaran en una proyección creadora, ajena a la copia mecánica y a la interpretación dogmáticas de esas ideas.
En Cuba nunca el marxismo-leninismo debe ser utilizado para minimizar las conquistas del pensamiento político y social cubano, sino por el contrario, devienen instrumento de análisis para apreciar con justeza los valores de la cultura autóctona: cubana y latinoamericana. De esta forma, las convicciones marxista-leninistas se fundieron con las ideas más avanzadas desarrolladas a lo largo de la lucha.
La confluencia de las ideas marxistas y martianas es el baluarte de las concepciones sobre las que se fundamenta la Revolución Cubana. Se dice con justeza que si los revolucionarios de hoy, ciento veintiún años después de la última guerra de independencia, se hubieran planteado solamente los objetivos que se trazaron los hombres del 95, la Revolución Cubana no sería marxista, pero tampoco martiana.
La búsqueda de las raíces, antecedentes y manifestaciones actuales del pensamiento de orientación socialista en el ámbito filosófico de nuestras regiones más atrasadas, como es el caso de Cuba, pone de manifiesto que el socialismo -independientemente de las diversas concepciones que sobre él se tienen- no es algo extraño ni hostil a la idiosincrasia de estos pueblos, sino que por el contrario es muy consustancial a su cultura, sobre todo porque es necesario y constituye hoy, la alternativa posible para que los pueblos sean dignificados.
En otros procesos socialistas no siempre se tuvieron en cuenta sus propias tradiciones patrióticas y se presentó erróneamente el marxismo-leninismo como una ideología que se superponía al pensamiento revolucionario nacional, en Cuba también se manifestó en algunos esta tendencia, considero que analizadas a tiempo. Esos dogmas coadyuvaron al surgimiento de tendencias nacionalistas hipertrofiadas que reacciona de forma extrema ante un internacionalismo formal y mal comprendido. El mérito esencial de la dirección de la Revolución Cubana es haber detectado estas tendencias y evitar esos errores, de dogmatismo y de nacionalismo estrecho.
La materialización de las ideas martianas y marxistas está en la vasta obra revolucionaria en la conciencia de las masas y su unidad en torno a la dirección revolucionaria que no significa, ni mucho menos, la ausencia de diferencias de enfoques ni la crítica a errores y tendencias negativas. La Revolución Cubana martiana y marxista se encuentra actualmente en una fase de desarrollo de sus concepciones, como resultado de la reflexión en torno a sus propias realidades y de los errores que no deben cometerse siempre que puedan preverse o rectificarse si llegaran a ocurrir, sin negar las experiencias positivas de otros procesos revolucionarios.
El proceso revolucionario desarrollado en Cuba ha tenido el privilegio de que el proverbial discípulo de Martí y Marx, Fidel Castro Ruz, haya sabido ver con claridad, detalles no advertido por otros, es significativo de hecho, su clara reflexión de la unidad entre revolución social e independencia nacional que distingue la esencia marxista y martiana de la Revolución Cubana. Precisamente a él se debe la previsión de que en Cuba no era posible una independencia nacional sin una genuina Revolución Social. De esta forma se le dio al proceso cubano, al decir de Hugo Chávez, ritmo y orientación. En Cuba sólo una Revolución Socialista podía plasmar en la realidad las ideas de José Martí, aunque él no emitiera expresamente el nombre de socialismo.
Es evidente que la función social que a su juicio debe poseer la propiedad, lo emparentaba mucho más con el mayor o menor ingrediente colectivista contenido en el humanismo socialista que con el individualismo pragmático preconizado por el liberalismo, que ya le mostraba sus falencias como posteriormente otros pensadores latinoamericanos constatarían en mayor medida.
Es cierto que Martí al comentar la muerte de Marx en 1883 había planteado que: “… no hace bien el que señala el daño, y arde en ansias generosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blando al daño.” (Ídem al anterior; p.388), y este fue uno de los factores de divergencia con las vías del humanismo marxista. Pero es cierto también que apenas una década después exhortó a los cubanos a seguir el remedio del machete de Gómez y Maceo para poner fin al dolor de Cuba.
La experiencia de las luchas sociales de los obreros norteamericanos y de las justas causas emancipatorias de otros pueblos del orbe le condujeron a una mayor aproximación hacia la comprensión de los remedios del profeta del humanismo real, Carlos Marx, cuando afirmara que “…el enemigo más peligroso del humanismo real, en Alemania, es el espiritualismo o idealismo especulativo que suplanta al hombre individual y real por la autociencia o el espíritu.” (Marx, C. 1965; p.23)
Los que no ven la vinculación de los objetivos martianos y marxistas en la Revolución Cubana, analizan de una forma unilateral el problema. Se parte muchas veces de criterios válidos, pero no tienen en cuenta elementos esenciales para dicho análisis, en primer lugar los principios del historicismo y de la continuidad histórica.
No es secreto que el triunfo de la Revolución Cubana, es un fruto también del devenir del ideal emancipador cubano, y encuentran su más acabada expresión en el pensamiento de José Martí que las resume y la encamina hacia el siglo XX, con un proyecto revolucionario integrador y antiimperialista que la intervención estadounidense de 1899 deja trunco.
Es por ello que el proyecto martiano queda entonces, en el plano de ideal social, por lo que el marxismo, que como teoría revolucionaria cobra fuerza, se difunde y se encarna en un partido político en la década de los veinte del pasado siglo, que lejos de rechazar el pensamiento martiano, se apoya en él y se forma una vinculación perfectamente coherente. Lo marxista y lo martiano, como ya se ha dicho, se funden en la Revolución Cubana y esta característica deviene distintiva de la ideología de este proceso.
Lo que se ha expresado sirve, únicamente, para dejar sentado el hecho de que la fusión de lo martiano y lo marxista no aparece ligada al desencadenamiento del proceso revolucionario a fines de la década del cincuenta e inicio de la del sesenta, y que a pesar de los momentos de “copia” de experiencias socialistas ajenas que antes y después se presentaron, la presencia de Martí y el ideal independentista nos salvó del dogma que prevaleció en otras latitudes.
Existen diversos criterios y enfoques en torno al Partido Revolucionario Cubano organizado por José Martí como antecesor de la organización de vanguardia, el PCC. Por un lado se plantea que es disparatado hablar de parecidos y coincidencias entre el partido marxista-leninista y el de José Martí, en tanto que el primero es para imponer un grupo, para gobernar por la violencia y el segundo se fundamenta en la armonización de intereses con la consecuencia de un gobierno de “con todos y para el bien de todos”.
Es real que entre el Partido Revolucionario Cubano (PRC) y el PCC, existen muchas diferencias, que bien claras, están determinadas por las condiciones históricos-concretas en que surgen y desarrollan su actividad; el grado de madurez de la sociedad cubana de fines del siglo XIX, no es la misma que el que tenía Cuba en la década del sesenta del pasado siglo en su primera mitad, la composición social de ambos partidos no es igual, las estructuras, niveles de organización, las tareas, los métodos y formas de lucha, el contenido de los programas, difieren objetivamente.
Sobre el totalitarismo, concepto de sobra definido, que no admite formas y mecanismos legales de oposición, es también la liquidación de los derechos y libertades y la represión de las fuerzas progresistas, no son imputables al PRC ni al PCC.
En cuanto al totalitarismo del PCC, ejemplos muy elocuentes lo niegan: la discusión del Anteproyecto y Proyecto de Constitución Socialista en 1976, llamamiento al IV Congreso del PCC por todo el pueblo de Cuba y el informe central al séptimo Congreso del PCC; la articulación de la disciplina consciente con la más amplia democracia; el ejercicio de la dirección colectiva; la plena libertad de discusión y opinión, la aceptación en sus filas de todos los que están dispuestos a defender el socialismo y sus conquistas y luchar por él, es decir, un partido de la mayoría del pueblo cubano.
Las condiciones actuales de enfrentamiento a la envenenante ideología burguesa y defender las conquistas logradas por el socialismo en Cuba, ya expuestas anteriormente, además de tener en cuenta el desarrollo y madurez de la sociedad, el pluripartidismo sería un verdadero absurdo, de ello no tengo dudas.
Durante la lucha revolucionaria hubo partidismo en Cuba y durante los primeros días de la Revolución. Ahora, ninguno de los partidos gobernantes logró hacer realidad los sueños y aspiraciones del pueblo cubano; utilizaron el poder para mantener la explotación del hombre por el hombre, para enriquecerse y aumentar los sufrimientos de las amplias masas populares; la diversidad de partidos trajo consigo la fragmentación y división de la sociedad cubana y de las clases y sectores progresistas, condición indispensable para el dominio del imperialismo y la penetración del capital extranjero en Cuba; el pluripartidismo fue fruto y consecuencia de la inmadurez de la sociedad cubana y debió su existencia a la falta de unidad político-ideológica del pueblo, la que se logra producto de las radicales y populares transformaciones revolucionarias y de la nueva educación de los hombres.
Martí conocía bien el contenido de la doctrina Monroe acerca del “destino manifiesto”, el despojo hecho a México de la mitad de su territorio, en una guerra de conquista, los intentos de comprarle a Cuba a España, y el trasfondo de la frase “América para los americanos”, como sustento ideológico de los sueños hegemónicos de los gobernantes estadounidenses, y trazó sus planes para defenderlos.
Su premonitorio análisis de la sociedad estadounidense, repleta de productos, plagada de ambiciones y codicia, lo hizo ver que esta iría desbordándose sobre los pueblos de América y el mundo.
Estos sueños de los gobernantes de los Estados Unidos, de realizarse, les convertirían en una potencia fuerte y segura frente a Inglaterra, Portugal, Italia, Francia y Holanda, en franca decadencia, y haría posible en un futuro no lejano, su participación ventajosa en un nuevo reparto del mundo.
Fidel Castro Ruz, en sus varias comparecencias públicas en Chile (1971), señaló los límites inmediatos de la Revolución latinoamericana cuando precisó que trataba de unir a todas las fuerzas de potencialidad revolucionaria en América latina contra el enemigo común, el imperio estadounidense. Definió también estratégicamente las fuerzas coincidentes en esa Revolución, incluyendo no tan sólo los campesinos explotados, sino también a fuerzas sectoriales como los militares capaces de tener una posición nacionalista, antiimperialista, y los cristianos de las diversas confesiones que se incorporan con honestidad a la Revolución emancipadora común.
Toda la trayectoria política de José Martí se hace en las entrañas del imperio. Llegó a los Estado Unidos creyendo que entraba en un país del futuro, y quien lee las primeras crónicas norteamericanas se da cuenta inmediatamente de la admiración y de la expectativa que los Estados Unidos crean en él. Pero tan pronto va adentrándose en la vida estadounidense, va viendo ya los desequilibrios y las monstruosidades de aquella sociedad que él había creído una sociedad ejemplar, en la que un tipógrafo podía llegar a Presidente y con el arado se podía adquirir capital. Se da cuenta al poco tiempo, de que esa sociedad soñada por él no existe, de que el monopolio ha corroído la entraña de aquella sociedad jeffersoniana que nunca existió en la práctica, y empieza poco a poco a radicalizar sus análisis políticos.
El no haber arribado José Martí a concepciones socialistas no limita su vigencia porque pensamos que la Revolución en América Latina tiene un proceso y ese proceso no exige directamente el inicio socialista.
Se ha cometido con frecuencia y más en algunos politólogos latinoamericanos, un error de la aplicación del marxismo al creer que, porque la burguesía ya no puede dirigir una revolución independentista, cuando se dice que la Revolución tiene una fase democrático-burguesa se cae en posiciones reformistas. Resulta que no existe marxismo más peligroso que el marxismo que no llega a ser marxismo del todo, es decir, el marxismo de los que conocen imperfectamente a Marx, Engels y Lenin. Sólo el conocimiento imperfecto, tergiversado de ellos puede confundir la revolución democrático-burguesa con la revolución burguesa. “Desgraciadamente, ocurre con harta frecuencia que se cree haber entendido totalmente y que se puede manejar sin más una nueva teoría por el mero hecho de haberse asimilado, y no siempre exactamente sus tesis fundamentales.”(Engels, F; 1975; p.22)
CONCLUSIONES
Pensamos que en la actualidad, la revolución latinoamericana es la revolución contra el imperialismo, no puede ser la revolución del socialismo inmediato. Esa revolución no se podrá lograr si no se transforma en un momento dado en revolución socialista. No es revolución socialista lo que está ocurriendo en la América Latina actual, se trata de una revolución antiimperialista, cuyo objetivo es cambiar el orden de cosas del sistema capitalista salvaje y la vía socialista se convierte en una alternativa posible, pero no inmediata, la lucha actual de los pueblos de América Latina que transitan hacia el socialismo del siglo XXI, discurre dentro del parlamentarismo burgués que siempre será un freno para tales propósitos.
Martí llevó en sí la visión exacta de los grandes peligros que podían acechar la Revolución. Patria y otras vías le sirvieron para prevenirlos. Revolución, sí, pero no para llegar a componendas o transacciones abiertas o encubiertas con España o con los malos cubanos que le servían desde la “oposición legal”, “pacífica”, del Partido Autonomista. Revolución, sí, pero no para solicitar después la anexión a los Estados Unidos o convertirse con disimulo en un protectorado norteamericano.
Lejos de eso, la independencia de Cuba debía servir a la “segunda independencia” de “Nuestra América” contra el “Norte revuelto y brutal”: debía servir al “equilibrio americano”. Revolución, sí, pero no para perpetuar la vergonzosa mancha de la discriminación racial, sino para abrir al negro los brazos fraternales. Revolución, sí, pero no para izar en el país los privilegios del clero. Revolución capaz de amarrar corto a cualquier caudillo militar que quisiese repetir en Cuba los vergonzosos casos de mandones posesionados de países de América, como de haciendas propias, para enriquecerse y enriquecer paniaguados.
Del Martí que echó su suerte con “los pobres de la tierra” debe ser continuadora y heredera la Revolución en Latinoamérica. Sostenidos por su ejemplo, es tarea de orden formar al hombre nuevo ese hombre que se prepara para los nuevos desafíos; ese hombre cuyo desarrollo y plenitud humana también Martí ha hecho posible.
BIBLIOGRAFÍA
Peña, C.: (2005) Reflexiones de José Martí sobre Medicina y salud. Revista Cubana Enfermería. La Habana
Martí, J.: (2000) Obras Completas. Edición crítica, Tomo I, del Centro de Estudios Martianos. La Habana
Toledo, G.: (2010) El pensamiento preventivista en José Martí. Facultad de Ciencias Médicas 10 de Octubre. Revista Ciencias Médica. La Habana.
Martí, J. (1985) Carta al Sr. Director de La Nación del 15 de julio de 1882», Obras Completas, Editorial Ciencias Sociales, Tomo IX. La Habana,
Guadarrama, P.: (1993) Humanismo práctico y desalienación en José Martí, Memorias del Coloquio Internacional sobre José Martí, Universidad de Núremberg-Erlangen.
Marx, C. Engels, F.: (1965) La sagrada familia, Editora Política, La Habana.
Engels, F.: (1965) Carta a J. Bloch 21-22 de septiembre de 1890. Tomo II. Editora Política. La Habana
Rodríguez, C: (1972) Discurso en la Universidad e la Habana (Contemporaneidad y vigencia de José Martí. Editora Política. La Habana

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Comentario por Alberto Luis Torres Ferrales el abril 28, 2017 a las 7:12am

Saludos colega. Me parece muy oportuno su artículo y además de mucha vigencia.

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